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Estados Unidos ante las elecciones más cruciales de su reciente historia

Vivimos un momento Blade Runner. Vemos cosas que jamás creeríamos en este inolvidable e inexplicable 2020. Nada es como lo conocíamos, tampoco las elecciones presidenciales en la primera potencia global, Estados Unidos. La pandemia se ha llevado por delante más de 200.000 vidas, casi el doble de los caídos en la Primera Guerra Mundial. El coronavirus ha marcado la campaña electoral y va a ser determinante en el resultado de estas elecciones que son las más cruciales y polarizadas de la historia reciente.

Donald Trump se juega la reelección en una situación de crisis global, cuya causa es la propagación de un nuevo tipo de coronavirus. En el mundo han muerto ya más de un millón de personas. El ex vicepresidente demócrata Joe Biden, junto a la senadora y ex fiscal Kamala Harris, aspiran a reconquistar la Casa Blanca, siempre con el fantasma de las elecciones de 2016 cuando Trump dio la sorpresa y venció a la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.

Ejemplo de lo insólitas de estas elecciones sería el primer debate que hemos visto esta semana entre el presidente Donald Trump, aspirante a la reelección, y el aspirante demócrata, Joe Biden, ex vicepresidente con Barack Obama, antecesor del actual mandatario. Los dos se enzarzaron en una pelea en la que no pudieron escucharse argumentos sino insultos. Trump logró, una vez más, su objetivo: convirtió el debate en un espectáculo e impidió que su rival expusiera por qué habría que votarle a él.

Los comentaristas fueron unánimes: vimos el peor debate de la historia. En realidad, no fue un debate, fue un show a la medida de Trump.

Estábamos con los ecos de este primer debate, cuando ha estallado la sorpresa de octubre. Apenas un mes antes del 3-N, hemos conocido la noticia bomba de la campaña: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha contagiado de coronavirus. También es positivo su esposa Melania. Trump ha sido internado «unos pocos días» en el Walter Reed Medical Center.

Si su estado se agrava, se planteará un grave problema: cómo se sustituye a un candidato. Al presidente le reemplaza el vicepresidente, en este caso Mike Pence, que ha dado negativo, pero al candidato, no.

Sería el Partido Republicano el que tendría que buscar una alternativa. Pero ya hay mucha gente que ha votado por correo, y lo ha hecho por Trump. Y el efecto de la enfermedad en la campaña será diferente si la supera fácilmente o si por el contrario se agravara su estado.

Mascarilla sí, mascarilla no

Trump ha acudido a mítines hasta poco antes de conocer el resultado del test y no suele llevar mascarilla en público. Por el contrario, su rival, el candidato demócrata, Joe Biden, siempre la lleva. Los dos son septuagenarios: Biden, cuatro años mayor que el presidente. Es decir, son personas de alto riesgo.

En EEUU la polarización se ve hasta en el uso de la mascarilla. Si la llevas, estás con Biden. Si no, con Trump

Pol morillas

«En Estados Unidos la polarización se ve hasta en el uso de la mascarilla. Si la llevas, estás con Biden. Si no, con Trump. Hay un uso muy emocional del coronavirus por encima de las recomendaciones sanitarias. La mascarilla construye identidad», explica Pol Morillas, director del CIDOB. 

La mascarilla te identifica con un grupo y te distancia de otro en un momento en el que hay dos bloques enfrentados, republicanos y demócratas, y dentro de cada bloque cada vez cobran mayor relevancia los extremos. Y la mascarilla es solo un ejemplo que simboliza la visión sobre el coronavirus, enfermedad que ya han sufrido más de 7,3 millones de personas, según la Universidad Johns Hopkins. Es el país con más casos y más muertos en el mundo.

El Pew Research Center destaca cómo la profunda división de los americanos, con dos ecosistemas informativos, y respuestas divergentes a la pandemia, están generando incertidumbre y conflictividad en torno a las elecciones presidenciales».

Cita como ejemplo de esta polarización cómo el 43% de los republicanos asocian el voto por correo con el fraude, mientras que solo piensan así el 11% de los demócratas.

En otro sondeo del 10 de septiembre refleja cómo las opiniones sobre raza y género cada vez están más distanciadas. Entre los votantes demócratas el 74% de los que apoyan a Biden creen que es más difícil ser negro que blanco, mientras que solo era un 57% de los que respaldaban a Hillary Clinton. Entre los leales a Trump, solo el 9% piensa que es más difícil ser negro que blanco. Hace cuatro años era el 11%.

El movimiento Black Lives Matter ha cobrado especial fuerza desde el 25 de mayo, cuando el afroamericano George Floyd murió como consecuencia de abusos policiales. Vimos en todo el planeta cómo un agente de la policía de Minneapolis aplastaba su cuello con su pie mientras Floyd clamaba: «I can’t breathe (no puedo respirar)».

Las últimas palabras de Floyd se han convertido en un lema de quienes se sienten asfixiados por la América de Trump. Algunos de ellos han recurrido a la violencia, lo que ha llevado a Trump ha calificarlos de terroristas, mientras rechaza condenar a los supremacistas blancos como Proud Boys.

Según una encuesta reciente de YouGov, el número de estadounidenses que ven justificado el recurso a la violencia para defender sus ideas ha aumentado ocho puntos. Entre los demócratas llega al 33% y entre los republicanos supera el 36%.

Polariza y vencerás

La polarización no es un fenómeno nuevo. Ni en Estados Unidos ni en otros lugares del mundo. La diferencia sería que ahora es una constante. «Los movimientos populistas recurren a la polarización, lo que obliga a los políticos más moderados a polarizarse también para no perder votantes», afirma Xavier Peytibi, consultor en comunicación política en Ideograma.

Sostiene Peytibi que «la razón de la polarización tiene que ver con la búsqueda de notoriedad, a través de un lenguaje duro, acusaciones surrealistas… con lo que captan la atención de los medios. Es una retórica que cala en la sociedad y la adoptan el resto de las fuerzas políticas».

En Estados Unidos son tres grandes hitos los que marcan el punto de inflexión: los ataques del 11-S y los efectos que provocaron; la gran recesión de 2008 y la crisis migratoria de 2015. «Estos tres hitos hicieron que aumentaran los mensajes identitarios o sobre la inmigración o acusaciones contra el islam y dieron alas a los populismos de derecha ya los movimientos de extrema derecha como la alt right», añade el coautor de Cómo comunica la Alt Right. De la rana Pepe al virus chino.

A Trump le interesa un votante polarizado, con una identidad y comunidad afín, porque es un votante mucho más fiel

xavier peytibi

La consecuencia de la polarización, como explica Peytibi, es que genera identidades. «A Trump le interesa porque un votante polarizado, con una identidad y una comunidad afín con la que se siente a gusto, es un votante mucho más fiel. Ya no se discute por temas, sino por quién los propone. Se critica a la persona, no lo que dice», añade el experto.

Así se explica que la base de Trump, que logró 62 millones de votos hace cuatro años, sea tan sólida, haga lo que haga y diga lo que diga. Trump ataca a Biden ad hominem. Se ríe de él por llevar mascarilla, por su edad, demanda que le hagan un examen de drogas antes del debate… y desprecia cualquiera de sus ideas por su afinidad con los «socialistas» (léase comunistas o marxistas en versión europea).

Las últimas elecciones entre Trump y Hillary Clinton también estuvieron marcadas por la polarizacion, si bien no tan extrema.

Como dice, Pol Morillas, «ahora se va un paso más allá porque hay una maquinaria de la polarización en la Administración. Consideran que si ganan las elecciones es por la capacidad de que tu base más polarizada acuda en masa a votar mientras los seguidores de los rivales se quedan en casas. Al desacreditar el sistema electoral, o los debates, se desanima a los apolíticos o no adscritos».

En la encrucijada

En estas elecciones en Estados Unidos hasta un miembro de la familia real británica, el príncipe Harry, ha llamado al voto. Su esposa, la actriz Meghan Markle, que no agrada en absoluto a Trump, ha dicho en un video para la revista Time en el que participaron juntos: «Siempre parecen que estamos en las elecciones más importantes de nuestras vidas, pero esta vez va en serio».

A juicio de José María Peredo, catedrático de Comunicación y Política Internacional en la Universidad Europea de Madrid, «son unas elecciones especialmente relevantes, mucho más que la anteriores, por la complejidad de la política internacional. Hay posibilidad de que el orden liberal se descomponga y se genere un nuevo orden marcado por las acciones de potencias como EEUU, China, o Rusia».

En estas elecciones está en juego la democracia liberal que deviene de la Segunda Guerra Mundial

josé maría peredo

Según Peredo, autor del libro Esto no va de Trump, «en estas elecciones está en juego la democracia liberal que deviene de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Este sistema, en el que surgen la UE, la OTAN, el G-7… se está viendo alterado por distintos fenómenos: el populismo, el ascenso de potencias que no son democracias liberales… Con Trump ha empezado a llegar esta forma de entender el sistema político. Sanders cuestiona el sistema, pero Trump, y lo hace desde la Presidencia también lo hace».

José María Peredo destaca que el sistema es muy fuerte. Coincide con el periodista Jorge Ramos, que también cree que es más fuerte que Trump, pero es cierto que Trump apunta a cuestiones insólitas hasta ahora. Afirma que puede que no reconozca la victoria de su contrincante o insinúa con un tercer mandato, algo no contemplado en la actual Constitución.

Las elecciones más raras

Las elecciones en Estados Unidos ya son peculiares de por sí. Como vimos en 2016, un candidato puede ganar en votos pero perder la Presidencia. La candidata demócrata logró casi tres millones de votos más que Trump. Pero ganó Trump porque logró más votos electorales.

Estados Unidos celebra el 3-N en realidad 50 elecciones en sus 50 estados. Cada estado tiene un número de votos electorales, según su censo. Hay estados demócratas o azules, como California, Nueva York o Massachusetts, y otros republicanos o rojos, como Alabama, Oklahoma o Kentucky.

Los que oscilan en cada elección son los swing states o battleground states (los campos de batalla). Ahí se libra la elección: Michigan, Pensilvania, Wisconsin, Florida, Arizona y Carolina del Norte. El ganador debe contar con 270 votos electorales. Trump logró 304 votos electorales y Clinton 227. Quien gana cada estado se lleva todos los votos electorales (the winner takes it all).

También se renueva una tercera parte del Senado, que está compuesto por 100 escaños. Cada estado cuenta con dos senadores y una tercera parte se renueva cada dos años. En la actualidad esta Cámara tiene mayoría republicana (53 frente a 45 demócratas y dos independientes). El Senado tiene la última palabra en el proceso del impeachament, por ejemplo, y también en la confirmación de los jueces del Supremo, que tienen cargos vitalicios.

Trump en cuatro años ha designado a tres de los nueve jueces del Supremo. La última, Amy Coney Barrett, está pendiente de la confirmación del Senado. Los demócratas defienden que habría que esperar hasta ver los resultados de las elecciones, pero Trump y los republicanos se creen en el derecho de confirmar a Barrett, una juez antiabortista y contraria a la reforma sanitaria de Obama.

Hay más 150 millones de estadounidenses convocados a votar. De ellos 32 millones son latinos, más que afroamericanos, que suponen un 13% de la población. A diferencia de lo que ocurre en España, en Estados Unidos hay que registrarse para votar. No es un proceso que aliente el voto.

Son las elecciones más raras. Nunca se ha votado en medio de una pandemia. Y EEUU es un país muy absentista

ANA POLO ALONSO

«Estas elecciones son las más raras. Nunca se ha votado en medio de una pandemia. Estados Unidos es un país muy absentista. En circunstancias normales, no suele participar ni el 50% de los convocados a votar. Hay que registrarse. Además hay pocos centros de votación. Siempre hay colas. Y ahora los estadounidenses lo hacen mientras sigue aumentando el número de casos y de muertos», explica Ana Polo Alonso, politóloga especializada en comunicación institucional y fundadora de Courbett Magazine.

Esta dificultad para movilizarse por la pandemia juega en contra de las posibilidades de Joe Biden, ya que su electorado no es tan fiel como el trumpista. Muchos simpatizantes demócratas se quedaron en casa en 2016 porque no creían que Trump fuera a ganar y Hillary les disgustaba, sobre todo los más izquierdistas. En esta ocasión saben que la reelección de Trump es posible.

Como apunta Pol Morillas, Biden ha de conquistar una base más amplia: mujeres, minorías, blancos defraudados con Trump… «Es la gran diferencia: Trump ha de asegurarse su base en los estados bisagra, mientras que Biden ha de ser muy transversal, movilizar al electorado y ampliar su base. Ha de mostrar seriedad», dice el director del CIDOB.

La economía, hasta la crisis asociada a la pandemia, iba espectacularmente bien. Indica Ana Polo Alonso cómo los estados republicanos, dedicados a la logística, se van a recuperar más rápido que muchos demócratas, más dedicados a servicios financieros, por ejemplo, un factor que juega a favor de Trump.

Además, según Ana Polo Alonso, a Trump la enfermedad, siempre que sus efectos sean moderados, puede darle mucha publicidad y una especie de escudo: no puedes criticar a un enfermo. Todo depende de su evolución.

De momento ha suspendido la campaña un par de semanas y está en el aire el segundo debate, que estaba previsto para el 15 de octubre en Florida. Sabremos cómo evoluciona según lo que veamos su cuenta de Twitter.