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Leopoldo López, en busca de una transición a la española

Leopoldo López, en busca de una transición a la española

La salida de Leopoldo López, el opositor más emblemático de la Venezuela chavista, de la embajada de España en Caracas hace una semana, marca el fin de un ciclo político. La oposición al régimen que encabeza Nicolás Maduro estaría en vías de cambiar de estrategia, una vez fracasados sus intentos de deponer al dictador. En el mejor de los casos.

En el peor, estaría inmersa en un «sálvese quién pueda». Hay tesis para todos los gustos entre los conocedores de la realidad venezolana. Unos ven a Leopoldo López como un iluminado que ya está fuera de tiempo y de lugar. Otros, sin embargo, albergan la esperanza de que articule desde el exterior un proceso que conduzca hacia una transición sin ruptura, como la española.

«Venezuela cierra un ciclo político, un ciclo que empezó en 2006, en el que la oposición al chavismo retoma la vía electoral. Avanzó hasta que en 2010 consiguió una mayoría social que se tradujo en mayoría electoral en la convocatoria de 2015. Logró la mayoría en la Asamblea Nacional», explica Ysrrael Camero, historiador venezolano, adscrito al partido Un Nuevo Tiempo.

Relata Camero cómo a partir de ese momento el régimen chavista optó por quitar funciones, es decir, poder al Legislativo opositor. Así elige una Asamblea Constituyente y convoca las presidenciales sin garantías. Al asumir Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional el 5 de enero de 2019 la oposición da un paso adelante. Guaidó jura como presidente encargado y logra el reconocimiento de 60 países del mundo, entre ellos Estados Unidos y casi toda la UE, entre ellos España.

«En esta etapa ha habido errores como la fallida entrada de ayuda humanitaria el 23 de febrero y el fracaso del 30 de abril, cuando Leopoldo dejó su prisión domiciliaria, con la idea de contar con el apoyo de las Fuerzas Armadas para deponer a Maduro. Pero no fue así. Ahí quedó descolocado y ha quedado claro que la situación se va a prolongar», añade Camero.

Hay que crear incentivos a parte del chavismo, porque ha quedado claro que sin algunos de ellos no es posible que entre la oposición»

ysrrael camero

Por ello, subraya, el historiador se impone el «realismo político», dejar de lado las falsas esperanzas y los límites temporales y preparar una transición «sin ruptura», como fue la española, adaptada a la realidad venezolana.

Para lograrlo, a su juicio, «hay que crear incentivos a parte del chavismo, porque ha quedado claro que sin ellos no es posible que la oposición entre en el juego político». Se trata, según Camero, de que los no chavistas entren, no de que salgan los chavistas, porque hay que construir con ellos, como se hizo en otros países, entre ellos España.

El régimen chavista hasta ahora puede con todo, incluso con las sanciones, pero la población está en la miseria. Y cada vez más desesperanzada. Unos cinco millones de venezolanos se han visto forzados a salir del país. Y el principal apoyo del exterior, que viene de la Administración Trump, puede reformularse en caso de que triunfe el demócrata Joe Biden.

De preso a exiliado

La salida de Leopoldo López, quien fuera el preso político más conocido de Venezuela tras entregarse en 2014, acusado de la violencia aparejada a las protestas contra el régimen, se produce justo en vísperas de las elecciones legislativas del 6 de diciembre.

Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, apunta a que «la posición como preso político de Leopoldo López ha ido perdiendo el impacto original. Tenía un sentido de lucha que durante un tiempo era muy importante pero se ha ido diluyendo».

Leopoldo López se da cuenta de que el tiempo para resolver el problema puede ser largo, más de lo planificado»

Luis vicente león

«También se da cuenta de que el tiempo para resolver el problema puede ser largo, más de lo que estaba planificado. Cuando fue apresado, pensaba que iba a ser más rápido. Y aún queda tiempo», añade Luis Vicente León.

Además, según el experto en análisis electoral, «Leopoldo López debe de haber pensado que su trabajo libre en Europa era más útil para el gobierno transitorio. El sostén de la oposición ahora es más externo que interno».

En Europa, señala Luis Vicente León, habrá que mantener la relación de la oposición, una vez que termine el mandato de la Asamblea Nacional en 2021. «Muchos países europeos no reconocen a Maduro pero no pueden darle un aval a Guaidó sine die«, afirma.

«Si no resuelves el problema de fondo, sacar a Maduro, ¿qué haces? ¿Un gobierno interino durante 30 años? ¿Pides que nombren a un emperador, que no se valide por nadie?», añade Luis Vicente León.

En este contexto hay voces que piden un relevo. «Como demócrata creo que hemos de apostar la alternabilidad [de Juan Guaidó]. Es necesario que otros líderes asuman las riendas de la oposición. No ha habido acciones eficientes. Hemos de ser críticos y hemos de reconocer errores que han costado la libertad de Venezuela. Hay que dar paso a quienes pueden asumir las riendas de la oposición desde Venezuela», dice David Rico, consultor político, director general de la Fábrica Política. 

Relevo del embajador

La marcha de Leopoldo López coincide con el relevo del embajador español, Jesús Silva, que ha sido su anfitrión desde el 30 de mayo de 2019. Leopoldo López acabó como huésped en la legación española, tras fracasar lo que creía que era una sublevación militar en favor de Juan Guaidó. Este cambio de embajador ha facilitado la salida de Leopoldo López.

López, que había pasado tres años y medio en Ramo Verde y estaba recluido en su casa desde agosto de 2017, pudo salir de su vivienda gracias a la connivencia de sus custodios del Sebin. Pero solo unos pocos militares se sumaron y Maduro se mantuvo en el Palacio de Miraflores. Fue un fracaso rotundo para la oposición.

El embajador Silva ha sido objeto de todo tipo de críticas por parte del líder chavista, Nicolás Maduro, que le ha retratado como un antibolivariano recalcitrante. Ha dado por hecho que el embajador ha ayudado a su «huésped» a salir del país.

A Silva le iba a sustituir el embajador en La Habana, Juan Fernández Trigo, pero justo este jueves la secretaria de Estado de Exteriores, Cristina Gallach, anunciaba que España iba a rebajar el nivel de su representación diplomática en Caracas.

Habrá un encargado de negocios y no un embajador, dado que España no reconoce como presidente a Nicolás Maduro por considerar fraudulentas las elecciones del 20 de mayo de 2019.

El papel de España y de la UE

En su primera rueda de prensa en Madrid, tras salir de Venezuela de forma clandestina por una vía que no quiso desvelar, Leopoldo López, repitió varias veces la palabra «transición», aludió a países como Sudáfrica o España, donde hubo de pactarse con parte del régimen anterior, y citó a Nelson Mandela, que pasó 27 años preso y acabó siendo presidente de Sudáfrica.

En esa nueva etapa de construir una alternativa a Maduro con elementos del régimen sería vital el apoyo del gobierno español y de la Unión Europea, donde es clave la figura de Josep Borrell, ex ministro socialista de Asuntos Exteriores y actual Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad.

La oposición demanda elecciones presidenciales libres y transparentes, mientras el régimen chavista se dispone a organizar unos comicios legislativos para dar por finiquitada a la actual Asamblea Nacional, de mayoría opositora. Termina su mandato este año y tendría que asumir la nueva en enero de 2021.

Pero la oposición, o la que avala todavía a Juan Guaidó, va a boicotear la convocatoria electoral del 6 de diciembre y pretende que el presidente encargado siga siéndolo sine die, una opción que pierde su legitimidad al tener que renovarse el Legislativo.

La Unión Europea demanda que se posterguen las elecciones legislativas para que pueda organizarse una misión de observación. Lo imprescindible para que tuviera unas mínimas garantías sería una comisión electoral independiente.

El opositor venezolano, Henrique Capriles, se desmarcó del grupo que avala a Juan Guaidó al apostar por participar en la contienda electoral, siempre que la UE diera su visto bueno, lo que no se produjo.

Un escenario sería que la salida de Leopoldo López formara parte de un plan avalado por Borrell y por el gobierno español. Maduro acabaría dando su visto bueno a retrasar las elecciones legislativas y finalmente la UE enviaría observadores y algunos opositores, como Henrique Capriles, se desmarcarían finalmente y participarían.

Así el régimen chavista conseguiría su aval democrático, porque el chavismo busca siempre esa fachada. López trataría de llevar ese proceso más allá, y que fuera el principio hacia la salida de Maduro pero con chavistas que se desmarquen.

«Ni de izquierdas ni de derechas»

Leopoldo López se vio con Pedro Sánchez en la sede del PSOE en la madrileña calle Ferraz y elogió al presidente del gobierno español, quien ve a Maduro, según el opositor venezolano, «como un dictador». Voluntad Popular está integrada en la Internacional Socialista, como el PSOE.

Su rueda de prensa fue organizada por Asesores de Comunicación Pública, que encabeza Luis Arroyo, consultor que ha trabajado mucho con dirigentes socialistas.

Leopoldo López está cuidando establecer los lazos adecuados. Con Pedro Sánchez, por un lado. Pero ya se ha reunido también con el líder del Partido Popular, Pablo Casado. Su padre, Leopoldo López Gil, es eurodiputado del Partido Popular.

En esa comparecencia Leopoldo López insistió en que los postulados que él defiende, que son los del presidente encargado, Juan Guaidó, «no son de izquierdas ni de derechas», si bien dejó claro que quien no considere a Maduro como un dictador «ha de revisar su concepto de la democracia». No mencionó a Unidas Podemos, socio del gobierno de Pedro Sánchez, y defensores de Nicolás Maduro, a quien no ven como un dictador.

Hasta ahora Leopoldo López siempre había asegurado que se quedaría en Venezuela. Primero en la cárcel, luego arrestado en su domicilio, luego como «huésped» en la embajada española. Los tiempos siempre creyó que serían otros, mucho más cortos. Pero desde 2014 cuando entró en Ramo Verde han pasado más de seis años. Y Maduro sigue en el Palacio de Miraflores.

«We will come back«, ha dicho en Madrid emulando a uno de los referentes de la democracia venezolana, el presidente Rómulo Betancourt. «Volveremos». En futuro atemporal.