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Qué están negociando Londres y Bruselas: tres escollos por salvar para evitar el caos

Si contamos los días D que hemos vivido desde que se negoció primero el Brexit y ahora la relación futura, tendríamos un mes M. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cenó en Bruselas con el primer ministro, Boris Johnson, el pasado miércoles para dar un impulso político a la negociación sobre los términos en qué comerciarán de ahora en adelante el Reino Unido y los Veintiséis.

Entonces marcó el domingo como fecha tope para llegar a un acuerdo. Pero este domingo han vuelto a darse un tiempo extra. Ni siquiera han especificado cuánto.

¿Llegaremos al día 31 en ascuas? No será tan extremo porque se precisa que aprueben el acuerdo el Parlamento Europeo y el británico. En principio, también los nacionales, pero este paso podría evitarse en caso de necesidad.

Los dos interlocutores políticos, Ursula von der Leyen, y Boris Johnson, que curiosamente vivieron su infancia en Bruselas e incluso acudieron al mismo colegio, han sido pesimistas. Es una táctica para evitar que las expectativas sean excesivas, y también para que el contrincante tome en serio las líneas rojas. Según Boris Johnson, «aún estamos lejos en asuntos clave», pero añadió que su gobierno «no se retirará de las conversaciones» porque cree que «un acuerdo todavía es posible».

Los negociadores, encabezados por Michel Barnier en nombre de los Veintiséis, y por David Frost por parte británica están dejándose la piel para que se salven los actuales escollos y se evite que la relación futura se remita a los términos de la Organización Mundial de Comercio. Perderían las dos partes, aunque, de cara a la galería, Boris Johnson asegura que «pase lo que pase al Reino Unido le irá muy bien».

El problema básico lo ha descrito muy bien la ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. Boris Johnson plantea la negociación como si estuviera en juego la soberanía británica, algo que no está en cuestión. Las relaciones comerciales se basan en negociar los términos de una relación de interdependencia, pero cada parte es soberana.

1. ¿Qué pasa el 1 de enero de 2021?

En primer lugar, hay que recordar en qué momento estamos. La UE y el Reino Unido ya pactaron el Acuerdo de Salida y ahora nos encontramos al final del periodo de transición. La salida se hace efectiva el 1 de enero de 2021, según la decisión adoptada en referéndum por los británicos el 23 de junio de 2016. Lo que se está negociando ahora es la relación que se va a establecer entre el Reino Unido y la UE una vez que se haga efectivo el Brexit.

Haya o no acuerdo la libertad de movimiento de personas termina el 1 de enero de 2021. Y no solo.

A partir del 1 de enero habrá atascos, retrasos en suministros de material farmacéutico… Habrá medidas transitorias para evitar un caos total»

enrique feás

«A partir del 1 de enero habrá atascos tremendos, retrasos en los suministros en el sector químico, farmacéutico, alimentos, aunque no haya aranceles. Ahora ya hay problemas de congestión las fronteras. Para productos farmacéuticos, por ejemplo, se tardará meses en que haya normalidad en las fronteras. Hay que comprobar las reglas de origen, saber de dónde viene el producto. Habrá medidas transitorias para evitar un caos total, pero eso no será una solución permanente», explica Enrique Feás, investigador senior asociado del Real Instituto Elcano. «No hace falta que haya divergencia en las regulaciones para que haya inspecciones, habrá inspecciones porque puede haberlas».

«A eso se suma la paralización de los servicios, el fin de reconocimiento de títulos, seguros, pasaportes… Si eres una compañía de transporte aéreo, por ejemplo, has de ser una empresa europea, o bien hacerlo a través de una filial. Ser una empresa europea implica que la mayoría del control y el capital es europeo».

IAG, matriz de Iberia y Vueling está afectada. El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, asegura que no habrá problemas con Iberia, pero no ha explicado por qué. Si una compañía aérea no demuestra que tiene capital y control europeo, no puede operar tramos europeos.

En la vida cotidiana, los británicos verán cómo tendrán que viajar con visado, solo podrán estar un máximo de tres meses en su segunda residencia (miles tienen vivienda en España y pasan aquí la mitad del año), habrán de renegociar el seguro de su vehículo si no lo tienen con una multinacional, y dejarán de beneficiarse del roaming.

¿Cuáles son los puntos de fricción ahora?

Son tres fundamentalmente: la pesca, la llamada competencia leal (level playing field), es decir, la garantía de que los estándares de los dos bloques no favorecen los abusos, y la gobernanza.

La pesca es muy importante, especialmente para quienes viven de ella, ya sean los pescadores y la industria de procesado en España, por ejemplo, pero no parece que vaya a ser un deal breaker. Es decir, una causa de ruptura.

La Unión Europea trata de conseguir un máximo acceso a las aguas británicas, donde actualmente capturan por valor de 600 millones de libras anuales, según la BBC. El Reino Unido quiere dar prioridad a sus barcos. La disputa no es solo sobre el acceso sino también sobre las capturas. Tampoco se ponen de acuerdo sobre la extensión del acuerdo. Londres quiere revisarlo cada año, pero la UE opta por periodos de diez años.

Para muchos países de la UE será grave perder el acceso al caladero británico, pero si los británicos se quedan con las capturas pero luego tienen que sumarles aranceles para venderlas en el mercado británico el negocio les saldrá poco rentable. Tres cuartas partes de las exportaciones de pescado británico tienen ahora como destino la UE.

Más complicada aún, pero vital es la cuestión de la competencia leal o level playing field. Se trata de armonizar la regulación de las dos partes y señalar qué institución media en caso de conflicto. El problema en este caso es político porque Boris Johnson lo plantea en términos de evitar que la UE mande en la regulación británica. Y no es esa la cuestión.

«Es difícil un término medio. Ahí tiene que ser la UE firme. No puede exportar sin arancel un país a 200 kilómetros de Bruselas si es un paraíso fiscal. Sería una invitación a las empresas europeas a instalarse allí. Es el mismo principio que el arancel del carbono: si obligo a mis empresas a producir verde, no puedo importar material contaminado», explica Enrique Feás. La cuestión es que las condiciones de producción y de competencia sean las mismas.

¿Hay motivos para el optimismo?

Nada está pactado hasta que todo está pactado. Es una máxima de las negociaciones de alto nivel. Pero siempre hay posibilidades de acuerdo mientras siguen las partes sentada a la mesa. Después de tantas horas de esfuerzo, sería lamentable para las dos partes que no hubiera un acuerdo de mínimos. En realidad, se trataría, de un acuerdo que seguiría perfilándose después del 31 de diciembre, pero que permitiría evitar una salida traumática.

En este último tramo de la negociación hubo un punto de inflexión: fue cuando el gobierno británico anunció que iba a cumplir con lo ya acordado en el Acuerdo de Retirada.

«Creo que han llegado ya muy lejos. Negocian todos los días. Han hecho gestos. Han acordado implementar la frontera en Irlanda, y eso ha permitido retirar los artículos problemáticos de la ley de mercado interior. Boris Johnson había dicho que no lo iba a hacer. Es decir, dispuesto a cumplir lo pactado. Es un mensaje bueno. Habrá controles en el mar de Irlanda. Eso quiere decir que hay un claro interés en llegar a un acuerdo», señala Feás, que no descarta, como nadie lo hace, que finalmente se rompa la baraja. 

¿Y si hay salida sin acuerdo?

Los precios de los bienes que compra y vende el Reino Unido a la UE serán más altos porque pasarán a negociar según los términos de la OMC. La UE impondrá aranceles de una media de un 2,8% a los productos no agrícolas, un 10% a los automóviles, y hasta un 35% a los productos lácteos. En la UE sufrirá la industria de la pesca, los pescadores, los agricultores, y la industria automovilística.

Los estándares sanitarios de las exportaciones del Reino Unido a la UE habrán de ser revisados en frontera. Habrá aún más atascos que si hay acuerdo, aunque se tratará de establecer medidas transitorias. Por ejemplo, el Reino Unido no va a revisar los bienes procedentes de la UE hasta el 1 de julio. Pero ya será disuasorio este viaje para muchos transportistas. Las cadenas de supermercados temen que haya falta de aprovisionamiento.

Lo que más temo (de una salida sin acuerdo) es cómo afectará a los servicios y a la inversión»

enrique feás

«Lo que más temo es cómo afectará a los servicios y a la inversión. Si eres un inversor, ves que hay un acuerdo básico y sabes que se sigue trabajando, te quedas más tranquilo, pero si no hay acuerdo, la señal es que rompen cualquier vínculo con Europa, y si pensabas invertir con el Reino Unido, sabes que el ambiente va a deteriorarse mucho. Afectará a decisiones de inversión», señala Feás.

A juicio del investigador, experto en el Brexit, lo que se salvará de cualquier modalidad de acuerdo serán las universidades de la élite como Oxford y Cambrigde, y la City, que seguirá siendo la City. Es un centro financiero como Nueva York, que ofrece unas ventajas a prueba de Brexit.

Decía John Le Carré, el gran maestro de las novelas del espionaje británico que acaba de fallecer en Cornualles a los 89 años, que «el Brexit es la mayor idiotez jamás perpetrada por el Reino Unido». Quedan días para que muchos británicos empiecen a darse cuenta de hasta qué punto Le Carré tenía razón.